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Empleado feliz. Que sugerente ¿no?. Y que contradictorio: ¿cómo puede ser feliz alguien que está empleado, que depende de otro, que está a sueldo, que es un currante?
Una de las cosas más significativas que puede hacer una persona es derribar las creencias limitadoras que tenemos pululando por nuestra cabecita.
Las creencias son ideas a las que les damos crédito, es decir nos las creemos, sin argumentarlas, analizarlas, sopesarlas, comprobarlas... Las creencias pueden ser potenciadoras o limitadoras. Éstas son aquellas que nos frenan, nos bloquean, nos impiden probar o experimentar. Estas son las que hemos de derribar hasta que no quede ni un ápice, porque son las que no nos dejan ser las personas que somos de verdad.
Las creencias potenciadoras, son tan falsas como las limitadoras pero tienen una consecuencia diametralmente opuesta: nos permiten probar, experimentar, atrevernos a ser quienes somos, a explorar nuestros límites. Estas creencias potenciadoras nos ayudan a manejarnos en el mundo, son saludables. A éstas ni tocarlas.
Y sí, un empleado puede ser feliz. Feliz como empleado y feliz como persona.
Porque ¿qué es la felicidad?
Los filósofos se han devanado los sesos durante siglos intentando descubri lo que es la felicidad. Pero tal vez no es trabajo de los filósofos este descubrimiento, sino de cada uno de nosotros, porque la felicidad es individual, subjetiva, intransferible.
La felicidad es un estado de la mente. Es el resultado de interpretar los acontecimientos de nuestra vida desde una perspectiva serena, amable, siempre beneficiosa para uno. Es ver la mitad llena del vaso vacío, es ver lo que se ha salvado y no lo que se perdió, es confiar en nuestra capacidad para superar problemas.
Así si un empleado quiere ser feliz tiene que aprender a ver su trabajo desde esa visión poenciadora y satisfactoria. Pero claro, si no le gusta eso está muy difícil. Tal vez su felicidad fuera dejar ese trabajo y buscar aquel en el que pueda sentirse realizado, pleno, satisfecho, motivado, alegre.
Pero supongamos que esto no es posible, que tiene que quedarse haciendo algo que no le gusta -por la pasta, por el miedo, por la inseguridad, por las creencias negativas- y que es infeliz y eso revierte en su trabajo que es poco eficaz, poco brillante, poco rentable.
La verdad, esa descripción creo que responde al 60% de los empleados -que terrible ¿no?- y entonces ¿qué se puede hacer?.
Pues una de las respuestas está no en el empleado sino en el empleador, en la empresa para la que trabaja el empleado. Desde ella puede provocarse un estado emocional más favorable para el trabajador, organizando mejor el trabajo, formando permanentemente y -aquí es donde entramos nosotras- prestando atención a cada uno de los empleados, cuidar los detalles, promover la alegría mediante actividades lúdicas.
Si deseas saber más sobre como hacer felices a tus empleados, o saber más para decírselo a tus jefes, escríbe a susigrau@empresarios.com y gustosamente te lo explicaremos.
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