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Comienza septiembre y para casi todos, comienza el nuevo año oficiosamente.
Ya que estamos de comienzos, estrenamos nuevo blog: Zoé (yo) y Ariane (ella) ante un humeante café reflexionaremos sobre nuestras vidas, las vidas de los demás y la Vida con mayúsculas.
Empiezo yo con una emoción claramente destacada en el día de hoy: la cantidad de personas que estamos interesadas en conectarnos unas con otras y la facilidad con que la Red lo promueve. Es impre-z-ionante, como dijo aquel torero famoso. Leer lo que cuentan, percibir como lo cuentan, que te caigan bien, tener ganas de conocerlas...y viven cerca de una o muy lejos, pero da igual: Internet nos conecta y lo que sería una probabilidad entre 100 millones, lo convierte en realizable al instante.
Me gusta. Hay infinidad de personas maravillosas distribuidas por el mundo. O si, las noticias no hablan de ellas, lo sé. Los desastres, lo malo-malísimo, la economía descendente, las hipotecas ascendentes, los maridos asesinos, las cuidadoras maltratadoras de bebés...eso sí que sale en las noticias. Es lo que vende.
Pero las personas maravillosas, son como los coches que se paran correctamente en el semáforo en rojo, nadie las ve. Lo que destaca es lo incorrecto, lo catastrófico, lo malo. Pero que no destaquen no significa que no existan. Dicen que lo que mueve el mundo es el dinero. Yo no lo creo así. El mundo lo movemos las personas maravillosas, que somos quienes somos, estamos donde tenemos que estar y hacemos lo que queremos hacer. Además, la frase ésa es incorrecta: el dinero mueve el mundo porque provoca emociones intensas. Son las emociones las que mueven el mundo. Y las personas maravillosas, desconocidas, invisibles, las verdaderas heroínas de los dramas de la vida, con su tesón, su alegría y su fuerza imparable nutren de emociones al mundo, y claro está, lo mueven.
Así que esta noche, un bravo por esas personas maravillosas, que piensan con el corazón y aman con la razón.
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Besitos, petons, biquiños, kisses...
Zoé
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